Ahogando las penas.

Los Labios de Valeria

La brisa fresca al salir de la oficina me calmó la rabia que tenía y secó las lágrimas que se turnaban a bajar por mis mejillas tras las gafas de sol. Por las calles, los turistas de los cruceros paseaban buscando el preciado sol que no encontraban el resto del año, los estudiantes volvían a casa a almorzar y el resto de gente se apuraba en terminar los recados antes de que las tiendas cerraran.

Deambulé por las calles buscando distracción y algo que me animara, observando todo lo que acontecía a mi alrededor, los perritos contentos, los jubilados con el pan bajo el brazo y los repartidores atareados.

Me apetecía ahogar las penas, algo que me subiera la moral y saciara mi alma. Paso a paso, descifrando qué podía ser, hasta que, a la vuelta de una esquina lo olí. El suculento y denso aroma de una dulcería. Casi…

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