El clavo ardiendo.

…Porque, un día, decidí dar a alguien la importancia que no tenía…una importancia que estaba, incluso, por encima de mi misma….

No sin mis Emes

Aún todavía, de vez en cuando cierro mi mano derecha y noto esa molestia, cada vez más débil, en la que se ha ido convirtiendo aquel dolor que al principio fue tan intenso y que me parecía casi insoportable. Era aquel dolor que quemaba, que me dejó en la palma de la mano una marca roja y alargada…la de aquel clavo que ardía.

Sabía que no debí haberme agarrado nunca a él pero creí que no me quedaba más opción. Pensé que, si no lo hacía, todo lo que había sido mi vida hasta entonces dejaría de tener sentido, me quedaría vacía. Porque, un día, decidí dar a alguien la importancia que no tenía…una importancia que estaba, incluso, por encima de mi misma. Y con esa importancia, iba lo que yo era y había sido hasta el momento. Es ese problema que surge, en ocasiones, al amar demasiado a quien…

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Una respuesta a El clavo ardiendo.

  1. Interesante metáfora! Esos clavos a veces dejan marcas difíciles de borrar, pero también es cierto que de eso se trata la vida, las cicatrices al final significan haber vivido.

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