DIARIO DE TRIANA VI

Reflexiones al borde de los cuarenta

Había salido a correr por la playa antes de comer. Estaba lloviznando, como casi cada día esa primavera. Pero a mi me encantaba correr con lluvia. El calor que me provocaba el esfuerzo de correr por la arena, era atenuado por la llovizna mojando mi cara, mis manos y mis muslos.

Y a pesar de la llovizna y la bruma, que vestía la playa de una luz fantasmal, era completamente feliz escuchado solo mi respiración.

Dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta eran mi bálsamo contra la soledad que me provocaba su ausencia, aunque ese día no me encontraba sola.img-20160130-wa0011.jpg

Llegué al porche de nuestra casa sin resuello. Me descalcé sentada en los dos peldaños que bajaban a la arena y sumergí mis pies en ella. Estaba fría, suave, y me masajeaba aliviando el calor.

Sacudí la arena y entré.

Una de mis melodías favoritas invadía la casa…

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