De certezas y secretos

Cosas de Colette

Jon tiene 28 años y un gesto serio que dulcifica con una mirada llena de brillo y destellos caoba cuando le da el sol. La cabeza apoyada en el cristal del autobús como cada mañana, perdidos los pensamientos en repasos cotidianos mezclados con los ruidos de la calle, el claxon de la moto, el soniquete del semáforo en verde para invidentes. Lleva demasiadas mañanas repitiéndose que los hombres no sufren por amor y que a él le contaron desde que tenía cuatro años que él era un hombre. Y aquella sentencia continua estaba presente en cada acto y en cada decisión de su vida, como una losa inamovible, como un trozo de mármol que cae sonoro y limpio sobre cualquier otro sentimiento. Ser un hombre era no desear nada de lo que no se tenía, no pedir nada que no te dieran, no besar nunca primero, no responder con pasión…

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