Hagan juego, señores

…y lo curioso fue que nos dejamos queriéndonos pero sabiendo que no iba a ir mucho más allá porque no habíamos apostado por nosotros. No va más.

No sin mis Emes

“Hagan juego, señores”. La voz del crupier, las fichas sobre la mesa, el sonido de la ruleta al girar, la tensión hasta que la bola se decide a descansar en uno de los números…y de nuevo la voz del crupier informando del número ganador. Te miré. De nuevo, no habías acertado. Tampoco importaba, podrías estar comprando fichas de todos los colores durante horas. El dinero no era problema pero mi aburrimiento sí. Te dije al oído que me iba al bar y tú asentiste con la cabeza casi sin mirarme.

Me senté en una banqueta de la barra en lugar de hacerlo en una mesa porque desde allí tenía una mejor visión de lo que ocurría en la sala que, aunque no era mucho, supuse que podría entretenerme. Pedí un gintonic  al barman y me quedé mirando un punto indeterminado al fondo de la barra. De repente, algo me sobresaltó…

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