Vacío

Tejetintas

El pavimento empapado por la humedad ambiental le hizo pensar en su piel cuando salía de la ducha. La luz de los halógenos del cuarto de baño incidía en ciertas zonas de su cuerpo, convirtiéndolas en pequeños espejos a los que le gustaba acercarse para verse reflejado, aunque eso fuera del todo imposible.

Nada de aquello tenía ya sentido. ¿Por qué los recuerdos se empecinaban en existir más allá de lo imposible? Se lo preguntaba cuando un gato escurridizo pasó junto a él. Los dos segundos que se mantuvo en su campo de visión le bastaron para percatarse de la escasa longitud de su cola y de la muesca en una de sus orejas. Gajes del oficio, pensó. Era lo que tenía vivir en la calle, suponía, igual que acabar con el corazón mutilado era lo que conllevaba enamorarse.

De repente, no pudo evitar sentirse así, como un gato con la mitad…

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