No estaba muerto estaba de parranda

El espacio de Chus

No estaba muerto estaba de parranda

Una vez que el Asesino que había intentando matarme abandonó el establecimiento donde me encontraba, solo pude alcanzar a decir a Robert con un hilo de voz que me inyectase el antídoto contra aquella mierda de veneno de abeja africana que aquel tipejo me había inoculado. Por suerte la ampolla con el antídoto que siempre llevaba conmigo no se había roto al caerme al suelo. Esta vez había estado cerca de encontrarme con la parca.

Ingrese en un monasterio cisterciense para desaparecer de la circulación una temporada y empecé a tramar mi venganza. Era la hora de acabar con todos mis enemigos de una vez y para siempre pero, primero, debía saber quienes eran y, después, encontrarlos. Durante mi estancia en el aquel lugar, mi testaferro Ana (también conocida por Anita Dinamita, una rubia despampanante que estaba locamente enamorada de mi) contactó con mi banco en Suiza consiguiendo la pasta…

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