20 de enero

Tejetintas

Pensé que era un buen momento. Por fin se hacía realidad y… y ya sabes cómo sigue. Supongo que todavía recuerdas el primer día que me cantaste esa canción con el alma asomando por los ojos y el corazón en la mano derecha. Lo del alma y el corazón es posible que lo hayas olvidado, pero te juro que yo lo vi. Entonces, aquello me pareció la mejor señal de que tú eras un enviado. Te habían puesto ahí, a tan sólo unos pasos de mí, para probarme que el amor valía la incertidumbre, el vértigo y también la pena.

Así que sí, después de que tú, mi prueba hecha carne, me persiguieras durante un tiempo gritando futuro, decidí que podía ser un buen momento para parar el presente y dedicarte la cuarta o quinta hoja de un libro un tanto enrevesado. Las primeras páginas fueron de cuento, ¿verdad?…

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