Baches eternos

Tejetintas

Antes de salir de casa me miré en el espejo, más por costumbre que por vanidad. “Menudo moño más catastrófico me he hecho”, dije en voz alta hablando para nadie. Además de haberme dejado mechones fuera, por la frente y la nuca, tenía varias zonas de pelo que sobresalían. Vamos, que si mi cuero cabelludo hubiese sido una carretera, ésta hubiera estado llena de baches, pensé. Me hizo gracia mi ocurrencia, porque así es como sentía yo que salía todos los días a la calle, con la cabeza llena de baches. Llena de miedos, de culpas, de inseguridades. De trampas. ¿Y acaso era la única? No, seguro que no.

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Aquel día los baches de mi cabeza no eran sólo figurados, sino también literales. Después de mirarme unos segundos más calibrando las probabilidades de éxito que tendría el intentar arreglar mi despropósito capilar con horquillas, hice algo bastante inusual en mí. Miré a…

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